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LIBROS
EN LA MEMORIA |
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Una selección de textos y fragmentos de esos libros que, en su
imaginación y pensamiento,
han concebido los escritores de Rivas. Ahora forman parte del
mundo literario. Y del mundo real.
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Antonio Daganzo
EL CABALLERO HALFFTER
Al
maestro Cristóbal Halffter,
con admiración y gratitud.
Antes de su salida un
orden imperaba,
bajo cielos altísimos colocados azules
sin tormenta, y tanto era el sosiego
que arriba un dedo suyo
tocaba firmemente todo abajo también,
muy cercanos azules para cielos tan lejos.
Pero pronto encontró el orden inicuo,
cimientos sobre arcilla,
y salió a los caminos estelares
donde habita la nada,
donde al caos con talento se le vence
y no con subterfugios formularios.
Se ordenó don Cristóbal caballero
para darnos justicia
o el sonido sin nudos del origen,
qué limpísimo barro.
Quijote de la música española,
el loco cuerdo:
nunca tan necesario un hombre, ya seguido.
Que en limpidez se encuentre
Madrid, Ediciones Vitruvio, 2007
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José
Guadalajara
Un golpecito en la puerta precedió la entrada de maestre
Nicolás. Lo acompañaban dos mozos de cámara. Uno de ellos se
dirigió hacia el velón y remató con la mano la llama mortecina.
El otro se fue hacia el arcón, tomó la espada reluciente y se
acercó con ella hasta el lugar en donde ahora se encontraba el
Astrólogo, vestido con una saya forrada de piel y un manto. Se
había sentado sobre un sitial de madera, labrada con primor
exquisito por artesanos mudéjares. El criado, de pie y con la
espada entre las manos, observaba a maestre Nicolás, que le
acomodaba al rey un almadraque de terciopelo rojo detrás de la
nuca.
— Señor, ¿qué tal habéis pasado la noche? —le preguntó
su físico personal.
—
Esos malditos caballos me horadan el cerebro.
— ¡Los caballos! ¡Otra vez los caballos!
— Mi buen maestre, a veces ya no sé si son los caballos o es el
mismísimo diablo. ¡Voy a volverme loco! O tal vez ya lo estoy.
¿No es eso lo que pregonan mis enemigos?
La maldición del rey sabio
Madrid, Pàmies, 2009
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José Luis Morante
AFORISMOS
SUELTOS
El pesimista
es tan clarividente que anticipa el fracaso.
…
Utiliza
argumentos que recuerdan carnavales de pólvora.
…
Los
cementerios de coches abusan del retorcimiento manierista.
…
En el
trasfondo del azar dormita un orden secreto, una simetría que
pauta planteamiento, nudo y desenlace.
…
Los andenes
ferroviarios son espacios ambiguos e imprevisibles en los que se
respira la quietud de la ausencia; nadie sabe quién se va o
quién se queda.
…
Los
minimalistas dogmáticos tienden a confundir el haiku con un
cantar de gesta.
…
Hay
escritores que en cada libro se definen como palabreros
aficionados.
…
Los que
mienten consiguen interpretaciones magistrales.
…
La amnesia
aporta tranquilidad a la respiración de los recuerdos.
Aforismos
del libro
Mejores días
De la luna libros, Mérida, 2009
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Miguel
Ángel Zapata
Los pasos perdidos
En mi jardín crecen
zapatos. De todos los modelos, estilos, materiales y colores. De
tacón de aguja, de ante, de hebilla, de piel, de charol, de
suela de goma. Negros, rojos, marrones, verdes, amarillos.
Calados, de bota, planos, con lunares, dibujos o rayas.
El primero brotó, sobre la petunia preferida de
mamá, justo después de enterrar a tío Mario en el panteón
familiar al fondo del jardín. Los demás asomarían, como flores
de un mundo insólito, en los días siguientes.
Tío Mario nació sin piernas. Tío Mario pidió que
nunca lo olvidáramos. Hoy hemos inaugurado la zapatería familiar
que lleva su nombre.
Baúl de prodigios,
Ediciones Traspiés, Granada, 2007
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Rosa
Huertas
Las
palabras esconden a veces cuchillos afilados.
Una frase
agazapada en el tiempo puede desgarrarnos la piel con el frío
del acero. Un nombre basta para que la memoria nos devuelva al
mejor momento de nuestro pasado, de nuestra vida.
O al
peor.
El
anciano José Castillo encontró en el diario que se hallaba
ojeando unas palabras que se le clavaron en el alma y lo
transportaron a una terrible mañana de marzo, más de medio siglo
atrás.
Clara, su
nieta, velaba su reposo después de la intervención. Sentada a su
lado, vigilaba cualquier movimiento que revelase la más mínima
inquietud del abuelo. Lo veía desvalido, por primera vez en su
vida, y sabía que él detestaba esa situación. Él, José Castillo,
tan íntegro y fuerte como su apellido, tenía que resignarse a
ser ahora el enfermo, el dependiente, el frágil.
Llevaban
toda la tarde en la aséptica habitación y él apenas había
pronunciado un par de monosílabos. Sin embargo, Clara era
consciente de que apreciaba su compañía más que ninguna otra
cosa para ayudarle a superar la convalecencia de aquella
inoportuna operación. Su madre le había contado que las primeras
palabras del anciano tras despertarse de la anestesia fueron
para preguntar por Clara, esa nieta rebelde que le había robado
su alma de abuelo tardío: cuando ya tenía edad casi para ser
bisabuelo apareció la niña para volverlo todo del revés.
Clara no
pudo notar cómo el abuelo aferraba el periódico con las manos y
palidecía. Castillo se removió en la cama, lanzó una especie de
gruñido seco como si un dolor agudo le punzase la herida,
balbuceó algunas palabras que la nieta no pudo entender y, al
fin, arrojó el periódico lejos de sí con todas sus fuerzas.
-
¡Maldito Chino! – exclamó temblando.
Las
palabras del anciano sobresaltaron a Clara, que no esperaba oír
su voz tan ronca ni tan agresiva. Se puso en pie de un salto,
muy preocupada. ¿Estaría delirando?
-¿Te
encuentras bien? – le preguntó acercándose a la cama.
Castillo
la miró… ¿Qué podía responder a su nieta? ¿Que el dolor más
agudo, el peor, es el que quema en el alma?
Mala luna
Madrid,
Edelvives, 2009

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Felipe
Galán
Ah
Maxam y Kin Chac eran conscientes de que se aproximaba su
muerte. Lo supieron al percibir un extraño aleteo sobrevolando
sus pasos más allá del cruce de caminos. Sin embargo, aquella
certeza no les paralizó. Ellos encarnaban la última esperanza de
su pueblo y estaban dispuestos a sacrificar sus vidas para que
el resto de la comunidad tuviera una última opción de regresar a
su antiguo hogar. Cuando aceptaron la misión ya habían asumido
que sería imposible escapar de Xibalbá. Pero su plan no era
exactamente eseAlumbrados
por una antorcha de resina, los dos guerreros podían sentir cómo
la tensión estrangulaba sus latidos. Más aún al escuchar aúllos
cada vez más cercanos encadenados a un ruido de estampida. Ah
Maxam y Kin Chac se encontraban ya a poca distancia del río,
aunque la jauría que devoraba sus huellas les impedía oír con
nitidez el paso de la corriente.Las instrucciones del batab
Paxmulu habían sido muy claras. En ningún caso debían atender a
los impulsos de sus sentidos y bajo ninguna circunstancia
estaban autorizados a mirar hacia atrás. Para alcanzar el
objetivo simplemente necesitaban refugiarse en sus corazones y
confiar en la bondad de Itzamná, el Señor de los Cielos. Así lo
había establecido el gobernante del pueblo al trazar el plan . Y
así lo haríanLa luz que desprendía su única antorcha les regaló
entonces un reflejo sobre el torrente de agua que atravesaba
Xibalbá. Allí terminaba el camino de la vida para los dos
jóvenes. Aunque el primero en emprender el viaje hacia su morada
eterna sería Kin Chac, el portador de la tea-
Kin pa’atikech tu láak tseelo’
(Te espero al otro lado) –se despidió de Ah Maxam en su lengua
materna mientras una lágrima acariciaba el aro que adornaba sus
labios-. I
La sombra de Nayá,
Alicante, Appaloosa, 2012
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Roxana Popelka
Miguel, nacido el 13 de Agosto de 1969 en
Villaquejida, León. Aries con ascendiente en Piscis. Católico no
practicante. A los cuatro años de edad y después de pasar un año
en el parvulario del pueblo, sus padres emigran a Essen,
Alemania. Su padre encuentra trabajo en una fábrica de repuestos
de automóvil, su madre, de nombre Elvira, se emplea en el
servicio doméstico, concretamente en la casa de los jefes de su
marido. Miguel termina el bachillerato con la calificación de 6
sobre 10, lo cual no está nada mal para un hijo de emigrantes.
Transcurren 15 años y la familia se traslada nuevamente a
España, a León capital, donde su padre gracias a la mediación de
un amigo de la infancia, comienza a trabajar como conductor de
autobuses (línea 334), y su madre como costurera para unos
grandes almacenes (arreglos de bajos y cremalleras). Después de
dos años de indecisión Miguel se matricula en magisterio
(especialidad lengua extranjera) porque tiene salida. Allí
conoce a Almu.
Llegué a casa. Lo primero que hice fue encender
la calefacción, venía calado. Me cambié de ropa, pelé una
manzana y me puse cómodo en el sofá ya con el pantalón del
pijama. Llamé a Almu. Contestaron en inglés, no supe qué decir
aunque, claro, Almu estaba en Londres.
Colgué el auricular con la sensación de ser un
paleto absoluto. Estaba acabando primero de magisterio,
especialidad inglés, y me quedaba en blanco. Llevaba unos días
con el pié cambiado. No sé muy bien por qué Almu, así, sin más,
se había ido con una beca a Londres. Me había dicho que
necesitaba nuevas experiencias para completar su formación, pero
eso no se lo cree nadie. Está claro que estábamos pasando por
una mala racha…
“Fecha de caducidad” (fragmento),
Hotel, inédito.
Jesús Jiménez
Reinaldo
ACEITE
Te
ungiré con aceite antes del sueño,
perfumada la estancia con incienso.
Te extenderé la mirra por el rostro patricio,
la grasa del búfalo por el torso y el vientre,
y por el sexo, y me detendré
en tus pies pequeños, blancos
como una geisha,
haciendo germinar arroz del arco,
alisando la cordillera tensa de tu cólera.
Te bañaré en esencias, lento,
como un amante sabio que no quiere
finalizar el rito,
te frotaré con aceite antes del sueño,
antes del sueño del aceite.
Los
útiles del alquimista
Tafalla, Fundación María del Villar, 2010
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José Luis Escudero
SI QUIERES
“Tened siquiera una palabra amable.
Una mirada complaciente, dulce.”
R.Alberti
Convídame –si quieres- y dame tu palabra.
Necesito esa mirada complaciente.
Te escucho por costumbre y un delirio
invade mi nostalgia con perfume
y llega así la eternidad y una sonrisa
y el lascivo licor. Mil sabores
que guardo en la memoria.
Tu voz de los abismos he tomado.
Evoco la belleza, un temblor:
luz que me nace: un destello.
Regresa por la noche quedamente
y bésame bajo la luna.
Recuerda que estarás dentro de mí,
abierta, siempre, a todas horas.
LAS BRUJAS
“Os dije que existían”
Carmen Albert
Me dijiste –con todo el cariño- que existían.
Nunca olvidaré las llaves
del desván donde bailaban tus cuentos.
Volveré la vista atrás siguiendo la inocencia
con la ilusión de imaginar
una princesa –tú misma- de cálidas manos
que esconde corales
en la hermosa alacena transparente,
donde nacen las brujas. Y tu risa.
Sombras y jardines
Madrid, Sial, 2009
Julia San Miguel
Un minuto…, dos minutos, tres…
Mi padre seguía hablando con aquel señor.
Consultaban los planos y señalaban al techo. Nosotros les
seguíamos. Con ellos, miramos hacia arriba, y hacia abajo, y
otra vez hacia arriba… Cansados, comenzamos a hacer circulitos
con el pie… Estábamos tan aburridos que se nos empezaron a
cerrar los ojos, mientras nos íbamos escurriendo poco a poco por
la puerta… ¡Y entonces la puerta se abrió! Perdimos el
equilibrio y nos dimos un buen culetazo al caer de espaldas
dentro de una extraña habitación.
-¿Os habéis hecho daño? –oímos a lo lejos la voz
de una mujer que se acercaba hacia nosotros. Por su vestimenta,
más que una albañil parecía que había salido de un cuadro del
Museo del Prado.
Pablo y yo, aturdidos aún por el golpe, nos
miramos, si hablar.
-¡Qué ropajes más raros lleváis! ¿Es que sois
extranjeros?
Estábamos tan nerviosos y asombrados, que los dos
negamos con la cabeza.
-¿Acaso sois la nueva novicia y el nuevo
capellán?
-¡No, señora! Somos los hijos del aparejador –me
atreví a responder.
-¡Ah! Un buen hombre vuestro padre. Está haciendo
un trabajo estupendo convirtiendo este palacio en un convento.
-Pero ¿esto no iba a ser un colegio?
-¿Un colegio? No, no, va a ser un convento: el
convento de las Descalzas.
Cien
años en casa. La casa de los aparejadores de Madrid
Madrid, Ediciones SM, 2007
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Elena
Peralta
EL TIEMPO
SE HACE LIQUIDO
La idea de
modelar
sentimientos
comprimidos
me ahoga…
Un hilo de
ayer,
mana
timotando el
pensamiento,
da paso al dolor
dormido
en la
oscuridad
de la ceniza.
El tiempo se
hace liquido
no puedo respirar
me cuesta.
Despertará el
lunes y
… ya
no lloverá tristeza.
Poema
inédito |
Ricardo
Virtanen
AFORISMOS
Nuestras vidas son una firma en el universo.
En
cada rotonda hay un sentido infinito.
Una llama engaña a la vista pero advierte al
dedo.
Para que el tiempo no sea una pérdida hay
que echarle demasiadas monedas.
En la iluminación de un fósforo recién
encendido se origina una llama sospechosa.
Los perfiles de esas montañas han sido
recortados para tus ojos.
Asombra la palidez de los sueños. No vendría
mal una manita de pintura.
No
hay tiempo para tu epitafio, me dijo la muerte.
Pompas
y circunstancias
Madrid,
Amargord, 2008
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Laura Olalla
Habitación sin número…
Abrió la puerta
cediéndome el paso; le di las gracias y avancé hacia el centro de la
habitación. El calor de la calefacción central ponía una cálida nota en
nuestros cuerpos. Estaba tranquila, consciente y feliz de sentirle entre
mis brazos. Luego, me tomó el rostro con sus manos, me miró a los ojos
afirmando: “Quiero que esto funcione, ¿piensas igual que yo?”. “Desde
luego que sí, haré todo cuanto esté en mi mano, repuse”. Nuestros
labios se buscaron; el tacto dulce, delicado, de nuestras bocas rozó la
exaltación del deseo mientras un halo de profundo rescate se extendía
por nuestros cuerpos. Mis manos acariciaban sus cabellos, él me asía con
fuerza en una conjunción enardecida…, la ropa voló por los aires y ya en
el lecho, desnudos de todo atavío, resucitamos cada poro de piel hasta
entonces dormido; la noche crecía en su empeño…, en la fusión de ambas
latitudes; bajo la luz tenue del cuarto de baño seguimos con el mutuo
abordaje, extrañados del juego amoroso tan contundente, tan placentero,
tan soberbio a la edad de… ; sus dedos certeros y sabios surcaron mi
valle y en la melodía que habita el alma un refugio de besos nos abrasó.
Exhaustos, logramos rendirnos a un nuevo brote de dicha que repetimos
sin decoro, desinhibidos y con pasión. Era insólito apreciar que a
nuestra edad el amor fuese más que digno. Nuestras miradas se fijaron en
la profundidad de las pupilas; enervados los labios no encontraban
momento para el descanso. Absortos los cuerpos, absortas las almas, el
silencio nos bendijo hasta la madrugada.
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Roberto Alhambra
A lo largo y ancho de los Yermos las leyendas hablaban de fastuosos
oasis ocultos donde las caravanas de beduinos y mercaderes, o las tribus
nómadas que habitaban tan inhospitalarios parajes, podían tomar un
respiro, hacer un alto, compartir una infusión de alguna exótica hierba
aromática, o fumar una pipa de opio y adquirir provisiones para
continuar su viaje a través de las arenas. Algunos de estos oasis
prosperaron al amparo de las grandes tribus de nómadas animales, como la
tribu de los Bisontes, otros sin embargo crecieron bajo las cadenas de
tiranos gobernantes. Estos sátrapas eran mercaderes sin escrúpulos que
hacían proliferar los mercados de esclavos por encima del tradicional
comercio de especias. Gobernaban en oasis que funcionaban como polis
independientes, como estados autónomos donde no importaba si la
mercancía humana era praxiana, agimori, o pertenecía a alguna de las
grandes tribus nómadas. Con las mujeres el comercio resultaba incluso
más fácil, simplemente pasaban a engrosar los humillantes harenes de
estos despiadados tiranos sin apego ninguno por la vida ajena. Eran
lugares difíciles de encontrar, muy difíciles…
La
alianza de los tres soles
Madrid, Ilarión, 2011
Luis Vega
Con las
primeras notas del bandoneón, en la oscuridad, las manos de Carmen
deslizaron la cremallera de sus vaqueros.
La
respiración se acompasó con el temblar de los cuerpos. Luego, el
vestido, animado, resbaló desde sus hombros como el aceite, descubriendo
su piel a la luz azul que entraba desde la ventana. Una de sus manos
atrapó con afán de posesión su breve cintura. Acercó los labios a su
cuello al encuentro de sabores agridulces, muy despacio, hasta apenas
acariciarlo, para dejar escapar junto a su oído una bocanada de aliento,
casi un susurro. Su espalda se crispó como la de un adolescente, y sus
pezones se alzaron desafiando, tal vez, el sonido que seguía brotando de
la radio.
Muy despacio
mi mano hace recuento de tus costillas, una por una, hasta alcanzar el
pecho, duro como tú y yo sabemos. Lo acaricio con dulzura, me recreo en
su vello y tú imitas la misma ceremonia para indagar en su forma, su
tacto; mi mano se tensa sobre él reprimiendo las ganas de estrujarlo. Y
tu mano se posa entonces sobre la mía apretándola contra el pecho,
pidiendo más fuerza.
Cazadores de sombras
Madrid, Estudio IDC, 2010
Rafael
Úbal
La tercera
propuesta para salir airosos de esta situación de crisis
es la de invitar al lector a hacer la experiencia de los bancos
del
tiempo. Iniciativa ésta que iguala el valor del tiempo para
todos.
Esta es una revolucionaria manera de relacionarnos más allá del
criterio de renta y de beneficio económico, modelo de
prostitución
por el que se rige la econocracia que padecemos. Frente a
este modelo de prostitución, el banco del tiempo está basado en
la idea comunitaria de servicio mutuo. Esta es la clave de la
ética en las relaciones humanas, el preguntarnos en qué podemos
servir a los demás, antes de en qué nos podemos beneficiar
de los demás. ¿Por qué va a valer más la hora de un catedrático
que la de un bedel?, ¿la de una alcaldesa que la de una
limpiadora?,
cada uno desde su puesto presta un servicio a la sociedad
igualmente valioso si lo hace bien hecho. Basta ya de seguir
reivindicando
estúpidamente eso de que a igual trabajo igual salario,
no, a igual tiempo de servicio igual tipo de contraprestación
económica. Esa es la verdadera revolución.
Breve manual de Felizsofía
Madrid,
Qvattrocento, 2011
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Era el fin de su sueño. Necesitaba ayuda. Pero
¿Quién podría ayudarle a él, un joven olivo perdido en medio de
un olivar?
Entonces sucedió algo increíble:
Una mano con cinco dedos muy largos sujetó sus
ramas impidiendo que las dos últimas aceitunas rodaran por el
suelo.
El joven olivo comprobó que aquella mano estaba
unida a un brazo y el brazo a un cuerpo y el cuerpo a una
cabeza, y que de ella colgaba una larga melena.
— ¡Qué hermosa señora! —exclamó.
“Pero…, no tiene pies. Flota en el aire”,
Pensó el joven olivo que, decidido, preguntó:
— ¿Quién eres?
—Soy mamá naturaleza y vengo en tu ayuda.
La tristeza del joven olivo se convirtió en
alegría
Ya no estaba solo.
Mamá naturaleza lo cuidaba.
“El Olivo”, Mucha
Madera
Madrid, Edelvives,
2001
Emilio
Gónzalez Martínez
Circo
relámpago
Sale
el trapecista,
el público comienza a respirar con los
intestinos.
¡¡Y ahora el doble salto astral, con los
ojos vendados
y las manos en los bolsillos, silbando!!
En lo más alto,
donde el verde acaba en las estrellas,
el trapecista se sienta a su escritorio
y enciende un cigarrillo.
El público deja de respirar.
Al borde de la asfixia
gritan por acción,
piden velocidad, un tajo en el aire,
vértigo, violencia.
El trapecista deja de fumar,
aparta el periódico con displicencia,
sonríe, se quita la venda
y cae aparatosamente
con silla y escritorio.
Sobre su cuerpo
el periódico del día
informa de un accidente
mortal en el circo.
Una burda letanía
recorre las butacas.
El público en pie
una vez acallada la ovación,
se coloca nuevamente las vendas
y sale a la búsqueda ciega del trapecio,
silbando,
con las manos en los bolsillos.
Fernando J. López Guisado
Se observa tras las
montañas un clamor que se transforma
en esposa. Un relámpago surge como la lengua
del áspid de noche. La acera empieza levemente
a mojarse, puede que más deprisa para poder
pasar desapercibida.. Salido del sueño un suave
susurro sin sensaciones se sumerge y, girando,
cambia de color
contra la ventana
y dice que sí
dos veces.
Porque nunca fue suyo,
Rivas Vaciamadrid, 2011, Amazon Media
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